Cómo será...
Esa vocación de control belga se materializará en la suela de su armador. De Bruyne no traslada; administra geografías. Su capacidad para peritar el asfalto y habilitar a Doku por la cornisa derecha será el axioma del encuentro. Del otro lado, la escuadra africana no se ruboriza al ceder el protagonismo. Su dignidad reside en el músculo solidario y la emboscada repentina.
El libreto podría astillarse superada la hora de juego. Si la fatiga oxida los engranajes europeos, Senegal liberará a sus relevos para percutir los callejones. Ojo a ese instante de zozobra donde Courtois deba certificar sus pergaminos bajo los tres palos.
No habrá claudicación psicológica. Senegal mastica la frustración amparado en su estoicismo. Bélgica, con su frialdad de consorcio, preferirá clausurar el pleito mediante un contragolpe quirúrgico antes que rifar el prestigio. Promete ser una tensión de cuerda de violín.