¿Como fue?
Cuarenta y tres infracciones picotearon el césped de Vancouver como martillazos sobre una chapa vieja. El ritmo se arrastró, cortado por silbatos constantes y protestas al aire, dejando un espectáculo raquítico donde nadie logró imponer condiciones reales.
Los sudamericanos revolotearon el área rival como polillas desesperadas contra un farol, acumulando quince remates y un xG de 1.09 sin jamás encender la luz. Del otro lado, los europeos operaron como oficinistas sellando expedientes. Apenas generaron 0.39 de expectativa de gol, apostando todo a la paciencia y al cero en el marcador propio.
Quien prefirió la siesta no se perdió de mucho. La ausencia de Jhon Córdoba vació el ataque de peso específico. Los ingresos de Quintero y Campaz agitaron un poco las aguas en el alargue, incluyendo un travesaño de Lucumí a los 99 y un mano a mano despilfarrado a los 116.
Todo desembocó en los penales, el único destino lógico para semejante sequía. Gregor Kobel atajó lo que tenía que atajar, Vargas metió el último tiro, y el pragmatismo sin brillo despachó al entusiasmo sin brújula.
Los sudamericanos revolotearon el área rival como polillas desesperadas contra un farol, acumulando quince remates y un xG de 1.09 sin jamás encender la luz. Del otro lado, los europeos operaron como oficinistas sellando expedientes. Apenas generaron 0.39 de expectativa de gol, apostando todo a la paciencia y al cero en el marcador propio.
Quien prefirió la siesta no se perdió de mucho. La ausencia de Jhon Córdoba vació el ataque de peso específico. Los ingresos de Quintero y Campaz agitaron un poco las aguas en el alargue, incluyendo un travesaño de Lucumí a los 99 y un mano a mano despilfarrado a los 116.
Todo desembocó en los penales, el único destino lógico para semejante sequía. Gregor Kobel atajó lo que tenía que atajar, Vargas metió el último tiro, y el pragmatismo sin brillo despachó al entusiasmo sin brújula.