¿Como fue?
A veces el azar se divierte torturando a un grupo de muchachos. Turquía pateó treinta y dos veces, ejecutó doce tiros de esquina y acumuló méritos suficientes para golear. El tablero, sin embargo, se negó a moverse del cero. Del otro lado, Matías Galarza sacó un disparo rasante a los 65 segundos de haber pisado el césped. Un solo grito, suficiente para definir el trámite y alterar los nervios de todos los presentes.
La expulsión directa de Miguel Almirón, en el descuento del primer tiempo, obligó a los sudamericanos a replegarse por completo. Los diez paraguayos retrocedieron, juntando las líneas hasta asfixiar cualquier intento de pase interior. Orlando Gill contuvo cinco remates directos. Sus defensores interpusieron el cuerpo para tapar otros doce tiros. Arda Güler y Hakan Çalhanoğlu rotaron por el centro, buscaron las bandas y probaron de media distancia. Turquía registró el 79% de posesión total.
Montella reaccionó amontonando gente arriba. Sacó a un central para meter a Kökçü. Los turcos embistieron el área chica como si empujaran un tren averiado cuesta arriba. Mert Müldür reventó el travesaño con un cabezazo, pero Paraguay no cedió un centímetro, soportando el castigo físico sin cometer errores groseros en la marca.
La escena final destilaba una piedad absoluta. Los turcos miraban el cielo, desparramados por el piso, agotados tras un esfuerzo titánico que no movió la aguja. Paraguay aguantó el temporal, masticó el sufrimiento y cobró su premio por resistir. Una lección brutal de eficacia, donde el que propuso todo se quedó con las manos vacías.
La expulsión directa de Miguel Almirón, en el descuento del primer tiempo, obligó a los sudamericanos a replegarse por completo. Los diez paraguayos retrocedieron, juntando las líneas hasta asfixiar cualquier intento de pase interior. Orlando Gill contuvo cinco remates directos. Sus defensores interpusieron el cuerpo para tapar otros doce tiros. Arda Güler y Hakan Çalhanoğlu rotaron por el centro, buscaron las bandas y probaron de media distancia. Turquía registró el 79% de posesión total.
Montella reaccionó amontonando gente arriba. Sacó a un central para meter a Kökçü. Los turcos embistieron el área chica como si empujaran un tren averiado cuesta arriba. Mert Müldür reventó el travesaño con un cabezazo, pero Paraguay no cedió un centímetro, soportando el castigo físico sin cometer errores groseros en la marca.
La escena final destilaba una piedad absoluta. Los turcos miraban el cielo, desparramados por el piso, agotados tras un esfuerzo titánico que no movió la aguja. Paraguay aguantó el temporal, masticó el sufrimiento y cobró su premio por resistir. Una lección brutal de eficacia, donde el que propuso todo se quedó con las manos vacías.