¿Como fue?
Treinta remates rebotaron como si golpearan contra una persiana de chapa cerrada con candado. Los turcos monopolizaron el campo, empujaron con el peso de su historia y se pasaron la tarde estrellándose. Australia plantó un 5-4-1 bajo, retrocedió hasta su propia área y resolvió el trámite despejando el peligro en 55 ocasiones.
Los dirigidos por Montella quemaron sus opciones como quien arrebata un asado por tirarle demasiado fuego de entrada. Dominaron el 72% de la tenencia. Ferdi Kadıoğlu intentó destrabar la banda izquierda con 102 pases, mientras Arda Güler probó al arco siete veces. Ninguno logró quebrar el cero.
El responsable de esa clausura tiene nombre y apellido: Patrick Beach. Entró por el capitán Mat Ryan en un movimiento que parecía un salto sin red, pero el debutante atajó como si llevara diez años bajo los tres palos. Acumuló ocho salvadas. Una de ellas sirvió de trampolín para el primer golpe australiano.
A los 27 minutos, Paul Okon-Engstler soltó un pase largo al espacio. Nestory Irankunda corrió, enfrentó al arquero y facturó. Acción, reacción y a cobrar. Turquía nunca supo leer ese amague táctico. Siguieron insistiendo por las bandas con la misma obcecación.
La sentencia cayó por decantación. A los 75, Yıldız y Çalhanoğlu tropezaron en la salida y regalaron el mediocampo. Connor Metcalfe pisó la medialuna, acomodó el cuerpo y definió abajo. Dos contragolpes, dos goles. La terquedad otomana chocó de frente contra el pragmatismo feroz de un rival que jamás sintió vergüenza de esconderse para sobrevivir.
Los dirigidos por Montella quemaron sus opciones como quien arrebata un asado por tirarle demasiado fuego de entrada. Dominaron el 72% de la tenencia. Ferdi Kadıoğlu intentó destrabar la banda izquierda con 102 pases, mientras Arda Güler probó al arco siete veces. Ninguno logró quebrar el cero.
El responsable de esa clausura tiene nombre y apellido: Patrick Beach. Entró por el capitán Mat Ryan en un movimiento que parecía un salto sin red, pero el debutante atajó como si llevara diez años bajo los tres palos. Acumuló ocho salvadas. Una de ellas sirvió de trampolín para el primer golpe australiano.
A los 27 minutos, Paul Okon-Engstler soltó un pase largo al espacio. Nestory Irankunda corrió, enfrentó al arquero y facturó. Acción, reacción y a cobrar. Turquía nunca supo leer ese amague táctico. Siguieron insistiendo por las bandas con la misma obcecación.
La sentencia cayó por decantación. A los 75, Yıldız y Çalhanoğlu tropezaron en la salida y regalaron el mediocampo. Connor Metcalfe pisó la medialuna, acomodó el cuerpo y definió abajo. Dos contragolpes, dos goles. La terquedad otomana chocó de frente contra el pragmatismo feroz de un rival que jamás sintió vergüenza de esconderse para sobrevivir.