Cómo será...
Suecia impondrá su ritmo burocrático. Veremos a un equipo que no se desespera, apostando al desdoble calculado y a la potencia de Viktor Gyökeres. El nueve sueco, con ese giro de cadera letal, será la llave para destrabar el cerrojo cuando reciba de espaldas. Es pura física aplicada al área rival.
Túnez jugará con la astucia del que sabe sufrir. La esperanza africana nacerá en el tramo final. Si el marcador sigue corto, prepárense para el ingreso de Msakni. Su tranco indescifrable puede inventar un pase filtrado donde solo hay piernas rivales y desesperación.
El quiebre emocional llegará en esos minutos agónicos. Los tunecinos empujarán llenando el área de centros, aferrados a la fe del destino colectivo. Suecia, fiel a su frialdad de manual, intentará congelar la pelota y el reloj. Será un final apretado, de esos que te dejan con los puños cerrados.