¿Como fue?
El asfalto quema las suelas cuando corrés persiguiendo sombras. Bélgica instaló un sistema de poleas en los últimos treinta metros, moviendo piezas de lado a lado hasta que los tendones rivales no dieron más. Trossard gatilló dos veces capturando rebotes sueltos, marcando el pulso de un asedio asfixiante. Fue una demolición clínica.
La estadística es grosera: los europeos intentaron 34 remates (22 adentro del área), contra un minúsculo 0.24 de expectativa de gol rival. El mediocampo de Nueva Zelanda se rompió en pedazos cuando Stamenic vio la amarilla apenas arrancó el complemento. Sin capacidad para raspar ni trasladar, retrocedieron hasta meterse en el regazo de su arquero. De Bruyne facturó esa pasividad clavando el tercero desde la medialuna.
Lo insólito asomó a los 84 minutos. Un córner aislado, un mal rechazo de Courtois y Elijah Just metió un descuento que gritó todo el estadio. Pura dignidad neozelandesa.
La ilusión duró un suspiro. El banco belga soltó a Lukaku y a Raskin. En sesenta segundos, desbordaron por derecha y el gigante cabeceó al gol. Saelemaekers bajó la persiana metálica un rato después con el quinto. El esfuerzo conmovedor de los kiwis terminó triturado por la brutalidad de un plantel que no sabe de romances.
La estadística es grosera: los europeos intentaron 34 remates (22 adentro del área), contra un minúsculo 0.24 de expectativa de gol rival. El mediocampo de Nueva Zelanda se rompió en pedazos cuando Stamenic vio la amarilla apenas arrancó el complemento. Sin capacidad para raspar ni trasladar, retrocedieron hasta meterse en el regazo de su arquero. De Bruyne facturó esa pasividad clavando el tercero desde la medialuna.
Lo insólito asomó a los 84 minutos. Un córner aislado, un mal rechazo de Courtois y Elijah Just metió un descuento que gritó todo el estadio. Pura dignidad neozelandesa.
La ilusión duró un suspiro. El banco belga soltó a Lukaku y a Raskin. En sesenta segundos, desbordaron por derecha y el gigante cabeceó al gol. Saelemaekers bajó la persiana metálica un rato después con el quinto. El esfuerzo conmovedor de los kiwis terminó triturado por la brutalidad de un plantel que no sabe de romances.