¿Como fue?
Corrieron de una frontera a la otra sin respiro. Fricción constante, raspar la madera cruda sin pasarle jamás la lija. Hubo cuarenta y cuatro infracciones en total. Un roce físico incesante que cortaba de raíz cualquier intento de fluidez.
Escocia cobró el billete ganador en la ventanilla correcta y bajó la persiana metálica. A los 28 minutos, un centro bajo desde la derecha se desvió en el área. John McGinn empujó el sobrante con la zurda para marcar la única diferencia.
Steve Clarke ordenó de inmediato un repliegue ordenado. Los europeos retrocedieron sus líneas y juntaron marcas.
Los caribeños se adueñaron de la tenencia con un 54 por ciento. Probaron quince veces al arco durante la tarde. Apenas dos envíos exigieron los reflejos de Angus Gunn.
Empujaron hacia adelante como si intentaran derribar el arco a empujones ciegos. Frantzdy Pierrot tuvo el empate a los 85 minutos con un cabezazo libre. Erró el cálculo y la tiró afuera.
A los 83 minutos, el técnico europeo rearmó el esquema. Mandó a la cancha a McLean y Curtis, formó un 4-5-1 rígido y apagó la luz del pasillo central.
Faltó técnica, sobró voluntad. Fue un espectáculo torpe, rústico y maravillosamente honesto. Ver a estos muchachos vaciarse corriendo devuelve un poco de fe en la sangre de este deporte.
Escocia cobró el billete ganador en la ventanilla correcta y bajó la persiana metálica. A los 28 minutos, un centro bajo desde la derecha se desvió en el área. John McGinn empujó el sobrante con la zurda para marcar la única diferencia.
Steve Clarke ordenó de inmediato un repliegue ordenado. Los europeos retrocedieron sus líneas y juntaron marcas.
Los caribeños se adueñaron de la tenencia con un 54 por ciento. Probaron quince veces al arco durante la tarde. Apenas dos envíos exigieron los reflejos de Angus Gunn.
Empujaron hacia adelante como si intentaran derribar el arco a empujones ciegos. Frantzdy Pierrot tuvo el empate a los 85 minutos con un cabezazo libre. Erró el cálculo y la tiró afuera.
A los 83 minutos, el técnico europeo rearmó el esquema. Mandó a la cancha a McLean y Curtis, formó un 4-5-1 rígido y apagó la luz del pasillo central.
Faltó técnica, sobró voluntad. Fue un espectáculo torpe, rústico y maravillosamente honesto. Ver a estos muchachos vaciarse corriendo devuelve un poco de fe en la sangre de este deporte.