¿Como fue?
El asfalto caliente de Kansas City derretía las intenciones. Argelia amasó una posesión del sesenta y cinco por ciento, hilvanando setecientos cincuenta y cinco pases sin pisar la zona del córner. Cero tiros de esquina a favor. El dato es seco y real. Tocaban a lo ancho, frenando el ritmo como quien hace tiempo en un café de ruta. Enfrente, el pizarrón austríaco operaba por asalto. Arnautović facturó temprano y Sabitzer anotó desde la medialuna en el complemento.
El talento suelto siempre desarma la burocracia. Aouar aceleró por la banquina izquierda, conectó con Mahrez y empardaron la historia a dos. Llegó el minuto ochenta y ocho. Los veintidós protagonistas firmaron una tregua tácita. Caminaban la cancha sin morder. El fantasma del viejo Gijón flotaba en el aire denso.
La traición saltó en el tiempo adicionado. Dos pases argelinos rompieron el letargo y Mahrez clavó el tercero. Parecía el nocaut definitivo. Error de cálculo. El banco argelino había metido un central extra minutos antes, atrincherándose y regalando los costados. Austria empató en la jugada siguiente. Rangnick mandó a Kalajdžić al área y el gigante cabeceó el tres a tres. El fútbol castiga al que esconde las cartas antes del pitazo final.
El talento suelto siempre desarma la burocracia. Aouar aceleró por la banquina izquierda, conectó con Mahrez y empardaron la historia a dos. Llegó el minuto ochenta y ocho. Los veintidós protagonistas firmaron una tregua tácita. Caminaban la cancha sin morder. El fantasma del viejo Gijón flotaba en el aire denso.
La traición saltó en el tiempo adicionado. Dos pases argelinos rompieron el letargo y Mahrez clavó el tercero. Parecía el nocaut definitivo. Error de cálculo. El banco argelino había metido un central extra minutos antes, atrincherándose y regalando los costados. Austria empató en la jugada siguiente. Rangnick mandó a Kalajdžić al área y el gigante cabeceó el tres a tres. El fútbol castiga al que esconde las cartas antes del pitazo final.