Cómo será...
Egipto, por su parte, no tiene ningún problema en entregar el terreno y los aplausos. Su plan es refugiarse en un bloque de cinco defensores y aguantar el temporal. La defensa africana apostará a que el paso del tiempo y la falta de espacios desesperen a su rival.
Pero todo libreto rígido puede romperse si asoma la jerarquía individual. De Bruyne, oficiando de clásico mariscal de campo, tiene la llave para destrabar el cerrojo con una sola diagonal a la espalda del carrilero. Del otro lado, un pique aislado de Salah cruzando la cancha puede dinamitar cualquier andamiaje preventivo.
Si el empate se prolonga, la tensión pondrá a prueba la psiquis belga, siempre propensa al cortocircuito. Egipto vive cómodo en la cornisa y sacará chapa de su mística continental para rasguñar un punto hasta el final.