¿Como fue?
El pasto del Levi's Stadium soportó noventa minutos de fricción constante, piques cortos y pulmones al límite. Veintidós hombres ejecutaron sus rutinas con una puntualidad de relojero, sin salirse un centímetro del libreto.
Austria registró un 63 por ciento de tenencia. Los remates, sin embargo, terminaron igualados en once por lado.
La presión europea comprimió el mediocampo rival como una prensa industrial. Schmid acomodó el cuerpo desde veintidós metros y clavó el primero con la zurda.
Jordania devolvió el golpe rápido tras el descanso. Ali Olwan aceleró por la izquierda en una transición y anotó el empate. Fue el primer festejo en la historia de su país en esta competencia.
El rigor físico empezó a oxidar las piernas asiáticas con el correr de los minutos. Perdieron la referencia territorial en los envíos cruzados. Un córner cerrado de Sabitzer provocó el gol en contra de Al-Arab a los 76 minutos.
Los ingresos que dispuso Rangnick inclinaron el terreno definitivamente. Arnautovic ejecutó la sentencia desde los doce pasos en el tiempo de descuento.
Faltó el drama humano, ese choque de almas que nos ancla a la tribuna. Todo se pareció bastante a mirar el menú en lugar de comer. Nos fuimos con el estómago lleno de táctica, pero rogando por un poco de desorden.
Austria registró un 63 por ciento de tenencia. Los remates, sin embargo, terminaron igualados en once por lado.
La presión europea comprimió el mediocampo rival como una prensa industrial. Schmid acomodó el cuerpo desde veintidós metros y clavó el primero con la zurda.
Jordania devolvió el golpe rápido tras el descanso. Ali Olwan aceleró por la izquierda en una transición y anotó el empate. Fue el primer festejo en la historia de su país en esta competencia.
El rigor físico empezó a oxidar las piernas asiáticas con el correr de los minutos. Perdieron la referencia territorial en los envíos cruzados. Un córner cerrado de Sabitzer provocó el gol en contra de Al-Arab a los 76 minutos.
Los ingresos que dispuso Rangnick inclinaron el terreno definitivamente. Arnautovic ejecutó la sentencia desde los doce pasos en el tiempo de descuento.
Faltó el drama humano, ese choque de almas que nos ancla a la tribuna. Todo se pareció bastante a mirar el menú en lugar de comer. Nos fuimos con el estómago lleno de táctica, pero rogando por un poco de desorden.