Cómo será...
La identidad de los locales se verá reflejada en las diagonales constantes, buscando lastimar siempre a la espalda de los laterales. Es un fútbol de transiciones rápidas, casi de manual. Enfrente, la resistencia visitante tendrá a su capitán como caudillo absoluto en el área chica, despejando cualquier centro frontal. Para Paraguay, la pelota parada será un ritual casi religioso, el único oxígeno disponible en medio del asedio.
El partido podría romperse si la fatiga traiciona a los mediocampistas. Hay que prestar atención a las bandas: si el lateral estadounidense sube a destiempo, el extremo paraguayo puede armar un descalabro en velocidad. Por otro lado, si el enganche local logra flotar a espaldas de los volantes centrales, su capacidad para definir entrando por el segundo palo destrabaría el cerrojo.
Será un choque de estilos fascinante. La velocidad supersónica contra el arte milenario de saber sufrir.