Cómo será...
Bélgica, fiel a su adiestramiento de conservatorio, intentará anestesiar el trajín con posesiones utilitarias. La partitura de De Bruyne será vital para oxigenar el juego hacia las bandas cuando el mediocampo se vuelva un embudo. El volante buscará la espalda de los laterales con envíos rasantes. La línea defensiva local tendrá que mantener el bloque corto para no descompensarse.
La vulnerabilidad aflorará cuando el reloj apriete. Si los europeos logran activar su plan de asedio aéreo con Meunier, el fondo estadounidense corre el riesgo de deshilacharse. La zaga suele extraviar las marcas cuando el asedio la obliga a recular demasiado hacia su arquero. En el tramo final, la desesperación podría regalar un espectáculo descarnado. Courtois tendrá que descolgar cascotes bajo un aguacero de centros si los norteamericanos queman sus naves y suman atacantes por puro instinto de supervivencia.