¿Como fue?
La matemática no entiende de piedad. Cuando un engranaje funciona con precisión de fábrica, el esfuerzo físico del rival se vuelve una anécdota. Senegal liquidó el trámite desde el amanecer.
Un córner al primer palo terminó en el gol de Diarra a los cuatro minutos. Nueve minutos después, Sulaka bajó a Mané siendo el último hombre y vio la roja directa. Irak se agrupó en un 4-4-1 para sobrevivir.
El desarrollo posterior fue un ejercicio de paciencia. Los africanos rotaron de lado a lado para ensanchar el terreno. No hubo apuro ni desesperación táctica.
La anomalía llegó desde el banco. A los 57 minutos, un triple cambio inyectó combustible de aviación en una estructura que ya dominaba el territorio.
Pape Gueye, Iliman Ndiaye y Nicolas Jackson pisaron el césped. En los siguientes veintitrés minutos, Senegal anotó tres veces. Gueye marcó dos tantos desde afuera del área y entregó una asistencia. Irak, sin recambio ni aire, apenas registró 0.18 goles esperados en toda la tarde.
El quinto grito cerró la persiana. Fue una exhibición de jerarquía pura que dejó a los perdedores mirando el pasto, asumiendo que correr no alcanza cuando el otro tiene el mapa y la brújula.
Un córner al primer palo terminó en el gol de Diarra a los cuatro minutos. Nueve minutos después, Sulaka bajó a Mané siendo el último hombre y vio la roja directa. Irak se agrupó en un 4-4-1 para sobrevivir.
El desarrollo posterior fue un ejercicio de paciencia. Los africanos rotaron de lado a lado para ensanchar el terreno. No hubo apuro ni desesperación táctica.
La anomalía llegó desde el banco. A los 57 minutos, un triple cambio inyectó combustible de aviación en una estructura que ya dominaba el territorio.
Pape Gueye, Iliman Ndiaye y Nicolas Jackson pisaron el césped. En los siguientes veintitrés minutos, Senegal anotó tres veces. Gueye marcó dos tantos desde afuera del área y entregó una asistencia. Irak, sin recambio ni aire, apenas registró 0.18 goles esperados en toda la tarde.
El quinto grito cerró la persiana. Fue una exhibición de jerarquía pura que dejó a los perdedores mirando el pasto, asumiendo que correr no alcanza cuando el otro tiene el mapa y la brújula.