Cómo será...
La resistencia iraquí, forjada en el asedio, no claudicaría temprano. Ante la asfixia, los asiáticos apostarían al pelotazo frontal buscando la corpulencia de Aymen Hussein. El delantero pivotea, fricciona y ensucia la salida rival. Si Senegal baja la persiana con dos goles de ventaja, el instinto de supervivencia iraquí asomaría de golpe en el último cuarto de hora.
Ahí radicaría el morbo del espectador neutral. Veríamos a un Irak empujado por el honor, desarmando su propio andamiaje para sitiar el área africana con envíos rasantes. Un descuento asiático desataría el caos, exigiendo a los líderes senegaleses invocar el 'jom', esa compostura ancestral que enfría la sangre. En ese desorden transitorio, la zurda de Mané encontraría el callejón vacío para facturar el pleito de contragolpe.