Cómo será...
El libreto indica que la llave maestra no residiría en el virtuosismo abierto. La ventaja asomaría en la pelota quieta. Sin Aguerd en el fondo africano, los envíos tensos de Reijnders y la prepotencia aérea de Van Dijk cobrarían un valor incalculable. Ahí radica la grieta.
Marruecos, por su parte, no claudicaría ante el encierro. Su repliegue es solidario, casi gremial. Soportarían el asedio con estoicismo, apostando a las transiciones fulgurantes por el callejón de Hakimi. La tensión podría fracturarse si Ounahi o Brahim cazan un rebote suelto en la cornisa del área.
Si el cerrojo africano cede, el desarrollo mutaría. La urgencia obligaría a Marruecos a abandonar la trinchera, exponiéndose al pragmatismo europeo. En ese tramo final, la frescura de un relevo como Memphis resultaría letal para clausurar el pleito. Oficio puro. El martillo cayendo sobre el yunque.