Teniendo en cuenta...
Del otro lado, Turquía carga con su propia combustión. Son un equipo al borde del infarto, gobernados por jerarcas que intentan domesticar el fuego. Superaron a Rumania raspando, y el fantasma de viejos colapsos sigue sentado en el rincón del bar. El choque es inevitable. La piedra inamovible del orgullo balcánico contra el incendio orquestado del gen otomano. Una prueba de nervios.