Cómo será...
Pero la resistencia caribeña alberga fisuras. El radar de Arcus en el segundo palo podría deshilacharse ante la repetición de envíos zurdos de Robertson. Ahí asomaría la perspicacia de McTominay, un especialista en infiltrarse por el punto ciego del marcador. Un descuido mínimo. Un error de cálculo.
Si Haití logra surfear ese asedio inicial, el duelo mutaría. Un córner a favor, un desvío áspero de Pierrot en el primer palo, y la rebeldía se encendería. El equipo caribeño entraría en combustión.
Sin embargo, el oficio escocés no suele resquebrajarse bajo presión emotiva. Su austeridad presbiteriana funciona como blindaje. Si el pleito se empantana en la cornisa del empate, la tropa de Clarke rotaría piezas, poblaría la medialuna y buscaría capitalizar la fatiga mental ajena. Paciencia de orfebre.