Cómo será...
La escuela de la sobremesa ibérica chocaría contra el pragmatismo cartesiano. Si las transiciones francesas pierden volumen, el equipo dependerá de algún arrebato aislado de su capitán por el carril interior. Las subidas condicionales del lateral derecho español buscarán desarmar esa doble marca con desdobles ciegos.
El punto de quiebre despuntaría en el tramo final, cuando la fatiga deshilache las estructuras. La irrupción de relevos españoles con vocación de área chica podría quebrar la monotonía. Un remate lejano provocaría un rebote traicionero, premiando al mediocampista que intuya la caída del balón antes que los zagueros.
Francia no claudicaría en silencio. El orgullo los empujaría a poblar el área enemiga con atacantes espigados, transformando el epílogo en un asedio aéreo. Allí, la soberanía del guardameta español para descolgar centros dictaría la sentencia definitiva. El pizarrón se impondría al vértigo.