¿Como fue?
Cincuenta y seis envíos sobrevolaron el área como un enjambre ciego y metódico. La estadística define la noche: una obsesión por las bandas que terminó chocando contra cincuenta y cuatro despejes. Fue un ejercicio de pura burocracia aérea. Los europeos monopolizaron la tenencia con un 75%, pero vaciaron el contenido de sus ataques.
Paraguay facturó en su primera incursión seria. Un tiro de esquina en segunda jugada encontró la cabeza de Julio Enciso a los 42 minutos. Un golpe seco, económico y letal. Después de eso, los sudamericanos retrocedieron unos metros. Armaron dos líneas muy juntas y se dedicaron a clausurar los espacios.
Florian Wirtz encontró a Kai Havertz diez minutos después del descanso. Un pase preciso por el pasillo izquierdo que insinuó una rebelión creativa y estampó el empate parcial. Duró poco. El asedio volvió a su cauce repetitivo. Los dirigidos por Nagelsmann percutieron por afuera como si intentaran derribar una pared a cabezazos.
La monotonía se quebró recién en el tiempo extra. Un cabezazo de Jonathan Tah terminó anulado a instancias del VAR por una falta técnica sobre el arquero. Hubo empujones, quejas cruzadas y amonestaciones en ambos bancos. El trámite se ensució por completo.
Orlando Gill reclamó el protagonismo definitivo en los penales. El arquero guaraní contuvo dos disparos, clausurando la serie 4-3. La resistencia encontró su premio mayor en la tanda. El rigor para defender el área chica superó a un rival que murió aferrado a su propia rigidez.
Paraguay facturó en su primera incursión seria. Un tiro de esquina en segunda jugada encontró la cabeza de Julio Enciso a los 42 minutos. Un golpe seco, económico y letal. Después de eso, los sudamericanos retrocedieron unos metros. Armaron dos líneas muy juntas y se dedicaron a clausurar los espacios.
Florian Wirtz encontró a Kai Havertz diez minutos después del descanso. Un pase preciso por el pasillo izquierdo que insinuó una rebelión creativa y estampó el empate parcial. Duró poco. El asedio volvió a su cauce repetitivo. Los dirigidos por Nagelsmann percutieron por afuera como si intentaran derribar una pared a cabezazos.
La monotonía se quebró recién en el tiempo extra. Un cabezazo de Jonathan Tah terminó anulado a instancias del VAR por una falta técnica sobre el arquero. Hubo empujones, quejas cruzadas y amonestaciones en ambos bancos. El trámite se ensució por completo.
Orlando Gill reclamó el protagonismo definitivo en los penales. El arquero guaraní contuvo dos disparos, clausurando la serie 4-3. La resistencia encontró su premio mayor en la tanda. El rigor para defender el área chica superó a un rival que murió aferrado a su propia rigidez.