Cómo será...
La fisura del guion surgiría en la segunda mitad. Si la zaga marroquí acusa el desgaste físico, el andamiaje defensivo podría descalibrarse ante los embates cruzados. En ese lapso, la inserción de Neymar funcionaría como un abrelatas furtivo. Su destreza para pivotear a espaldas del contención y filtrar pases de primera desarticularía la simetría rival. El diez ingresa poco, pero lastima mucho.
Marruecos no claudicaría frente a la desventaja. Su honorabilidad forjada en la carencia los impulsará a una rebelión tardía, soltando a sus laterales como proyectiles desesperados. Estarán a un suspiro de la proeza. Brasil, escarmentado por debacles pretéritas, preferirá la interrupción táctica antes que el intercambio de golpes a cielo abierto. Cortarán el juego con infracciones en el círculo central. La madurez sudamericana clausurará el trámite.