¿Como fue?
Setenta por ciento de posesión ininterrumpida suele augurar un trámite resuelto. Aquí solo garantizó una tortura visual. Los pases europeos circularon de un lado a otro como un péndulo cansado, chocando invariablemente contra rodillas, hombros y espaldas asiáticas.
Los registros marcan veintitrés tiros y veinte ingresos al área de castigo. Ninguno rompió el cero. Kevin De Bruyne y Leandro Trossard filtraron envíos por los pasillos interiores con precisión técnica. Alireza Beiranvand atajó siete de esos remates.
Faltó el desparpajo de Jérémy Doku para romper cinturas. Sin esa marcha extra, la tenencia se volvió un trámite de oficina. Irán se agrupó atrás con nueve hombres. Absorbieron los golpes con la pesadez de quien descarga cajones en el abasto.
Un error de cálculo alteró el letargo a los 66 minutos. Nathan Ngoy bajó a Mehdi Taremi siendo el último hombre y vio la roja. El técnico belga sacó a Romelu Lukaku y armó dos líneas de cuatro para sobrevivir.
Irán no supo qué hacer con el campo a favor. Un grito ahogado por el VAR en el primer tiempo fue su única aventura real. El pitazo final trajo un alivio físico. Quedó una vieja lección del potrero: acumular pases no sirve de nada si nadie se ensucia los botines para empujarla.
Los registros marcan veintitrés tiros y veinte ingresos al área de castigo. Ninguno rompió el cero. Kevin De Bruyne y Leandro Trossard filtraron envíos por los pasillos interiores con precisión técnica. Alireza Beiranvand atajó siete de esos remates.
Faltó el desparpajo de Jérémy Doku para romper cinturas. Sin esa marcha extra, la tenencia se volvió un trámite de oficina. Irán se agrupó atrás con nueve hombres. Absorbieron los golpes con la pesadez de quien descarga cajones en el abasto.
Un error de cálculo alteró el letargo a los 66 minutos. Nathan Ngoy bajó a Mehdi Taremi siendo el último hombre y vio la roja. El técnico belga sacó a Romelu Lukaku y armó dos líneas de cuatro para sobrevivir.
Irán no supo qué hacer con el campo a favor. Un grito ahogado por el VAR en el primer tiempo fue su única aventura real. El pitazo final trajo un alivio físico. Quedó una vieja lección del potrero: acumular pases no sirve de nada si nadie se ensucia los botines para empujarla.