¿Como fue?
Las pizarras se tragaron a los intérpretes durante cuarenta y cinco minutos. Once figuras de camiseta naranja y once de azul se desplazaron sobre el césped como muñecos ensartados en fierros invisibles. Nadie rompió la simetría. Los dirigidos por Ronald Koeman priorizaron el orden posicional, mientras que el bloque asiático retrocedió midiendo cada centímetro de las bandas.
El letargo se quebró recién en el complemento. Virgil van Dijk cabeceó un centro llovido tras una infracción lateral y abrió el marcador a los 51 minutos. La ventaja duró poco. Keito Nakamura aprovechó un desborde de Takefusa Kubo a los 57, y un desvío engañó al arquero neerlandés. Cuatro minutos después, Crysencio Summerville devolvió la ventaja europea con un remate de derecha al segundo palo.
Resulta fascinante observar cómo toda la ineficacia creativa del inicio se compensó luego con una puntería quirúrgica. Los europeos anotaron dos veces sin registrar un solo remate desde afuera del área grande. Pero el quiebre definitivo de la tarde no vino de un regate, sino del banco de suplentes. Koeman decidió tirar el freno de mano.
A los 81 minutos, el técnico armó una línea de cinco defensores para cuidar el resultado. Renunció al ataque por completo. Japón, que había perdido a Kubo por lesión, no entró en pánico. Hajime Moriyasu sumó dos centrodelanteros y empezó a martillar el área chica con envíos frontales.
Esa insistencia metódica encontró su premio a dos minutos del final. Daichi Kamada empujó la redonda en el primer palo a la salida de un córner. Fue un castigo lógico. El que elige esconderse temprano, suele terminar encontrando exactamente lo que temía.
El letargo se quebró recién en el complemento. Virgil van Dijk cabeceó un centro llovido tras una infracción lateral y abrió el marcador a los 51 minutos. La ventaja duró poco. Keito Nakamura aprovechó un desborde de Takefusa Kubo a los 57, y un desvío engañó al arquero neerlandés. Cuatro minutos después, Crysencio Summerville devolvió la ventaja europea con un remate de derecha al segundo palo.
Resulta fascinante observar cómo toda la ineficacia creativa del inicio se compensó luego con una puntería quirúrgica. Los europeos anotaron dos veces sin registrar un solo remate desde afuera del área grande. Pero el quiebre definitivo de la tarde no vino de un regate, sino del banco de suplentes. Koeman decidió tirar el freno de mano.
A los 81 minutos, el técnico armó una línea de cinco defensores para cuidar el resultado. Renunció al ataque por completo. Japón, que había perdido a Kubo por lesión, no entró en pánico. Hajime Moriyasu sumó dos centrodelanteros y empezó a martillar el área chica con envíos frontales.
Esa insistencia metódica encontró su premio a dos minutos del final. Daichi Kamada empujó la redonda en el primer palo a la salida de un córner. Fue un castigo lógico. El que elige esconderse temprano, suele terminar encontrando exactamente lo que temía.