Cómo será...
La lógica indica un choque de trincheras, pero el morbo reside en las grietas. Ecuador no ofrecerá la posesión, sino la amenaza del latigazo. El espectador deberá prestar atención a la elasticidad de Gonzalo Plata; sus diagonales a la espalda del lateral pueden rasgar la escenografía en fracciones de segundo. El visitante buscará forzar faltas cerca del área para activar su laboratorio de pelota parada.
El quiebre emocional acecha en las alturas. Si la tribuna destila impaciencia, el orgullo mexicano podría traicionar el libreto. Ahí radica el atractivo: presenciar si la cordura azteca soporta el peso de su propio mito o si la tribu ecuatoriana, solidaria y rocosa, logra imponer su rebeldía.