Cómo será...
Sin embargo, la jerarquía anida en las grietas. Habrá que posar la lupa sobre la banda derecha, donde el capitán egipcio merodeará la cornisa del fuera de juego, aguardando el resquicio que habilite su diagonal letal. Su ductilidad para domeñar envíos largos contrastará con la rusticidad del cerco rival.
Del otro lado, el peligro germinará en la penumbra. El centrodelantero iraní, un orfebre del forcejeo, buscará fabricar infracciones cerca de la medialuna, invitando a la imprudencia ajena para desatar la artillería de balones detenidos. Ese es el peaje ineludible del pleito.
¿Puede haber un quiebre emocional? Difícil. Ambos escudos repudian el caos. Si la paridad se fractura temprano, el equipo herido no claudicará: alterará su fisonomía con una urgencia calculada, sumando efectivos al área contraria sin extraviar la compostura. El empate final no será un premio consuelo, sino el saldo de un pacto convenido.