¿Como fue?
Dinamarca pasó toda la primera mitad golpeando una pared de ladrillos con un martillo de goma. El equipo local dominó el territorio desde el primer silbato pero no logró lastimar. Macedonia del Norte defendió muy cerca de su área, escondió los espacios y apostó todo a conseguir alguna infracción cerca de la medialuna. La paciencia en las tribunas del Parken empezaba a consumirse con el correr de los minutos.
Todo cambió en el vestuario. A los 49 minutos, Mikkel Damsgaard encontró un rebote sucio en el área chica y abrió el marcador. A partir de ahí, el andamiaje visitante se desarmó por completo. En apenas once minutos, Gustav Isaksen anotó dos goles calcados llegando por el segundo palo. El equipo escandinavo resolvió el pleito con mucha celeridad y eficacia. Christian Nørgaard, de cabeza, decoró el cuatro a cero definitivo un rato después.
La máquina de Hjulmand funcionó casi como dictaba la lógica previa. El pronóstico había anticipado la llave del partido por las bandas y la estricta orden de no cometer faltas centrales para asfixiar a Enis Bardhi. Se equivocó, eso sí, en el reloj. Nadie vio venir un derrumbe tan veloz después de un primer tiempo tan cerrado. Macedonia cruzó Europa buscando defender su orgullo desde la trinchera. Terminó volviendo a casa con los bolsillos vacíos, víctima de un rival que simplemente decidió dejar de tocar hacia los costados y pisar el acelerador a fondo.
Todo cambió en el vestuario. A los 49 minutos, Mikkel Damsgaard encontró un rebote sucio en el área chica y abrió el marcador. A partir de ahí, el andamiaje visitante se desarmó por completo. En apenas once minutos, Gustav Isaksen anotó dos goles calcados llegando por el segundo palo. El equipo escandinavo resolvió el pleito con mucha celeridad y eficacia. Christian Nørgaard, de cabeza, decoró el cuatro a cero definitivo un rato después.
La máquina de Hjulmand funcionó casi como dictaba la lógica previa. El pronóstico había anticipado la llave del partido por las bandas y la estricta orden de no cometer faltas centrales para asfixiar a Enis Bardhi. Se equivocó, eso sí, en el reloj. Nadie vio venir un derrumbe tan veloz después de un primer tiempo tan cerrado. Macedonia cruzó Europa buscando defender su orgullo desde la trinchera. Terminó volviendo a casa con los bolsillos vacíos, víctima de un rival que simplemente decidió dejar de tocar hacia los costados y pisar el acelerador a fondo.