¿Como fue?
La humedad espesa y el pasto rápido armaron un escenario pesado en Zapopan. Sesenta y cuatro por ciento de monopolio territorial frente a un cerrojo de cinco hombres. Así transcurrió la tarde. Un asedio constante, metódico, casi de oficina pública.
Los africanos defendieron como quien apuntala una represa agrietada a manotazos. Lionel Mpasi contuvo ocho remates directos. El arquero sostuvo el cero con reflejos puros, frustrando la insistencia sudamericana.
Pero el drama nacía al cruzar el mediocampo. Cada salida rápida congoleña terminaba en un pase hacia la nada. Corrían al vacío. Tropezaban con sus propias intenciones. Fue una torpeza enternecedora, nacida del deseo genuino de ir al frente y no de ensuciar los minutos con faltas cínicas.
Del otro lado, Lorenzo aplicó el bisturí en el minuto 58. Juan Fernando Quintero pisó el césped para limpiar las telarañas del centro. La paciencia rindió frutos. A los 76, un pase vertical del mediocampista encontró a Daniel Muñoz llegando por el lado ciego.
El lateral definió de zurda con un roce oportuno. Uno a cero. Dos gritos ahogados por el VAR le negaron más festejos a Luis Díaz. No hizo falta. El pitazo final selló el triunfo del oficio sobre la voluntad.
Los africanos defendieron como quien apuntala una represa agrietada a manotazos. Lionel Mpasi contuvo ocho remates directos. El arquero sostuvo el cero con reflejos puros, frustrando la insistencia sudamericana.
Pero el drama nacía al cruzar el mediocampo. Cada salida rápida congoleña terminaba en un pase hacia la nada. Corrían al vacío. Tropezaban con sus propias intenciones. Fue una torpeza enternecedora, nacida del deseo genuino de ir al frente y no de ensuciar los minutos con faltas cínicas.
Del otro lado, Lorenzo aplicó el bisturí en el minuto 58. Juan Fernando Quintero pisó el césped para limpiar las telarañas del centro. La paciencia rindió frutos. A los 76, un pase vertical del mediocampista encontró a Daniel Muñoz llegando por el lado ciego.
El lateral definió de zurda con un roce oportuno. Uno a cero. Dos gritos ahogados por el VAR le negaron más festejos a Luis Díaz. No hizo falta. El pitazo final selló el triunfo del oficio sobre la voluntad.